abemus: El futuro de la producción

5 Jan 2017

 

Lo de Gutenberg y su imprenta, no fue nada.

 

Hoy, desde nuestra propia casa, podemos convertir un archivo digital a un objeto físico con una sola tecnología: la impresión 3D.

 

Las impresoras 3D van a convertirse en la siguiente revolución industrial poniendo en las manos del consumidor el poder de fabricar cosas.

 

Desde una taza hasta un coche… pasando por tejidos y órganos. Si, has oído bien. Órganos humanos.

 

En 2016, se realizó en un ratón el primer transplante exitoso de un órgano imprimido. Y en 15 años se prevé que se podrá realizar en un ser humano. 

 

Incluso se puede imprimir una impresora 3D utilizando otra impresora 3D. 

 

La industria de la impresión 3D no es cosa del futuro. Es un mercado que hoy ya mueve 2.200 millones de dólares. 

 

Sin ir más lejos, el 30% de productos finales en el mundo ya utilizan la impresión 3D en su proceso de fabricación. 

 

Por ejemplo, la empresa de aviones Boeing, imprime muchas de sus piezas generando un ahorro aproximado en costes de entre un 35 y un 50%.

 

Además, la impresión 3D es mucho más respetuosa con el medio ambiente comparado con otros métodos de fabricación tradicionales, ya que se elimina el transporte de la ecuación.

 

Esta tecnología impactará en todo tipo de sectores: ingeniería, arquitectura, medicina, marketing, diseño, moda… incluso en restauración. Sí, también se puede imprimir comida.

 

Pero lo más sorprendente no acaba aquí.

 

La prestigiosa firma de arquitectura Foster & Partners en colaboración con la Agencia Espacial Europea, quiere construir asentamientos en la Luna.

 

¿Cómo?... con la ayuda de impresoras 3D. 

 

Como enviar material a la Luna es muy caro, se decidió crear robots con capacidad de imprimir en 3D usando como tinta el polvo lunar. 

 

En 2018 estas impresoras ya estarán construyendo las primeras casas lunares, y en 2030 se estima que ya habrán unas 1.000 personas viviendo en nuestro satélite de forma permanente. 

 

Hasta aquí todo bien ¿verdad? Lo malo es la letra pequeña.

 

Existen usos peligrosos de la impresión 3D.

 

Por un lado, al permitir el montaje de compuestos químicos a nivel molecular, la creación de drogas como cocaína, éxtasis, ketamina o LSD es posible, iniciando una nueva era del narcotráfico… 

 

Y por si fuera poco, se pueden imprimir armas de fuego que pueden pasar desapercibidas en detectores de metal.

 

Ahora imagina, si ya no necesitamos que nadie fabrique nada por nosotros, qué pasará con China, la fábrica del mundo… si su velocidad de adaptación no es suficientemente rápida, podría ocurrir un terremoto financiero a escala mundial debido a la venta del casi billón y medio de dólares que tienen en deuda estadounidense.

 

La innovación y las disrupciones generan avances y soluciones increíbles que no debemos frenar, pero existen efectos secundarios.

 

Cómo se repartan los ahorros que generen estas disrupciones, definirá la sociedad del futuro. O un modelo de ganador único, o uno en el que todos ganan. 

 

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