abemus: El futuro de los automóviles

14 Sep 2016

 

Un día, los niños preguntarán a sus abuelos que sentían al conducir un coche, si era complicado o peligroso.

 

Porque no nos engañemos, conducir es peligroso.

 

Cada año, casi 1 millón y medio de personas mueren en carretera en el mundo y más de 50 millones resultan heridas. Se calcula que más del 90% de estos accidentes son debidos a errores humanos.

 

Para evitarlo, la innovación apuesta por reducir a cero el factor humano en la conducción.

 

¿Cómo? Con vehículos completamente autónomos, capaces de conducirse solos, que toman la decisión óptima en cada situación. 

 

Los vehículos autónomos no beben alcohol ni se distraen con smartphones y pueden reaccionar ante imprevistos mucho más rápido que cualquiera de nosotros.

 

Según empresas como Tesla o Google, los coches autónomos estarán disponibles en 2020, y eso es mañana. 

 

Gracias a rutas inteligentes eliminaríamos atascos, ahorrando tiempo y energía. Y la productividad aumentaría debido a todo el tiempo que ganamos al no tener que estar conduciendo.

 

Una persona utiliza su coche solo entre un 5 y un 10% del día, no es eficiente. No tiene sentido que los coches estén aparcados en la calle casi todo el tiempo.

 

Con los coches autónomos no habría necesidad de tener uno de propiedad ya que muchos se compartirían, pagaríamos por su acceso. Incluso, aquellos que quisieran tener uno, podrían ofrecerlo a otros usuarios cuando no lo estuvieran utilizando, ganando así un sueldo extra.

 

También evitaríamos decenas de miles de muertes anuales, reduciendo los accidentes un 90%. Solo en EE.UU se ahorrarían 190.000 millones de dólares en costes sanitarios cada año.

 

Hasta aquí todo bien, ¿verdad?. Lo malo es la letra pequeña:

 

Primero, perderíamos nuestra privacidad. Dado que los coches autónomos siguen rutas planificadas a través de sistemas interconectados, la información de nuestra localización y recorrido sería fácilmente accesible.

 

Por otro lado, surgirían cuestiones éticas de inteligencia artificial a la hora de programar estos coches autónomos. ¿Te subirías en uno que priorice sacrificar a su único pasajero para evitar colisionar con varias personas?

 

Pero el mayor problema sería una destrucción masiva de empleos sin precedentes. 

 

Camioneros, conductores de autobus, taxistas, mensajeros… Sus puestos de trabajo quedarían obsoletos.

 

La innovación y las disrupciones generan avances y soluciones increíbles que no debemos frenar, pero existen efectos secundarios.

 

Cómo se repartan los ahorros que generen estas disrupciones, definirá la sociedad del futuro. O un modelo de ganador único, o uno en el que todos ganan. 

 

 

 

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